Donna Mitchell - Consolation No. 2

  My personal review:      We had already discussed what a Consolation is in music in a previous article , as well as the possible sources of inspiration for Franz Liszt, the first composer to use the name Consolation for one of his pieces.      Donna Mitchell's Consolation No. 2 creates a calm, poetic, meditative atmosphere.      It is a piece in two sections, each of which is divided into three subsections, plus an introduction and a coda; its slow and leisurely tempo, as well as the constant accompaniment of arpeggios, are the main characteristic of this piece.      It is worth noting that the second section, although it feels like a restatement, has certain variations (especially in the second subsection), which create some interest for the listener, which is further enlivened by the surprising coda.      Mitchell's social links:      YouTube (Channel 1)      YouTube (Chann...

Insólito. Con precedente. Y divertidísimo (¿2a. parte?).

    Después del regreso a clases post-pandémico, no sé qué pandemia es la que se ha extendido entre mis alumnos y los que no son mis alumnos. Y es que, ya habíamos hablado de la alumnita que hace un par de semanas se coló en mi clase, con la excusa de estar en el servicio.
    Pues bien, el jueves pasado, mientras pasaba lista durante mi ya tradicional clase grupal, uno de mis alumnos me advirtió que mi salón de clases se veía más lleno de alumnos de lo habitual. Y es que, por un lado, algunos chicos que estaban en su hora libre, se colaron, para tomar clases conmigo. Hasta ahí, íbamos bien. Pero lo que nunca pasó inadvertido, fue que, de repente, todas las miradas de mis alumnos se dirigieron hacia un niño pequeño (de unos ocho años) que estaba tranquilamente sentado, tableta en mano, tomando nota de mi clase. ¡A ver! Ese grupo es de adolescentes, por lo que uno más o menos, puede pasar... ¡Pero un niño pequeño...!
    -Profe, no sé si ha visto que hay un niño en clase- me dijo una de mis alumnas.
    -Sí, no soy ciego. ¿Qué puedo hacer?-contesté, pensando que era el hermanito pequeño de alguno de mis estudiantes.
    -¡Ah! ¿Pero no es su hijo?- se escucharon las voces de otros de mis alumnos.
    -¡Ah! ¿Pero no es hermano de alguno de vosotros?- se escuchó la mía.
    En fin, el niño atendió toda mi clase, participó, tomó notas en su tableta, preguntó dudas y al final, incluso me felicitó porque le había gustado mi clase. 
Después nos enteramos que era el hijo de la secretaria.
    Y ayer, martes, dos alumnitas, escapadas de no sé (ni quiero saber) qué salón de clases, libreta y bolígrafo en mano, entraron, como Pedro por su casa, en el mío para preguntarme si tenía por ahí un minutito libre que pudiera regalarles. Por supuesto, no pensaba negarles los sesenta segunditos que me pedían, pero sí me extrañé muchísimo.
    -¿En qué os puedo ayudar?- les dije.
    -¡Es que tenemos unas dudas!- imploraron.
    -¡Pero bueno! ¿No tenéis una maestra a quien preguntarle las dudas?
    -¡Sí, pero a usted lo entendemos mejor!- aseguraron, tranquilamente.
En fin, les aclaré las dudas y se marcharon realmente felices.
¡Increíble, pero cierto!
¿Y tú, también tuviste algún profe que te aclaraba las dudas? ¡Dímelo en los comentarios!

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