Hudson Gimenez - Romance Nº 1

  My review:       Romance Nº 1   is a piece in three sections, with an accompanied melody texture and a tranquil tempo, creating an atmosphere of calm and reflection. The thematic unity and the constant accompaniment of arpeggios give the piece a sense of cohesion, with a second development section and a third recapitulation section. In fact, it is constructed from a harmonic progression (accompaniment) upon which small variations on the main theme melody are layered.       Gimenez's social links:           Facebook      YouTube      SoundCloud     Enjoy  "Romance Nº 1" ,  performed by Carlos Marín Trigo:

La historia detrás de las notas musicales

    Si, en occidente, preguntamos cuál es el nombre de las notas musicales, muchos dirán "A, B, C, D, E, F, G", y otros tantos dirán "DO, RE, MI, FA, SOL, LA SI"; y no pocos se preguntan ¿Cómo hemos llegado a esto?
    Pues bien, estaba desempolvando mi libro de Historia de la Música (el "Grout", que todos llevamos en el Conservatorio: escrito por Donald J, Grout y Claude V. Palisca) y no he podido evitar recordar uno de los temas que más curiosidad me despertaron cuando yo era estudiante: la procedencia del nombre de las notas musicales en occidente.
    Y es que, en la antigua Grecia, las notas se nombraban con las letras de su alfabeto (α, β, γ, δ, ε, ...), algo que, hasta el día de hoy, con alguna que otra variante, siguen haciendo los países que han heredado la cultura sajona, como Inglaterra, Alemania, etc.; por eso, al principio de este artículo, señalé que muchos dirán que las notas se llaman "A, B, C, ...). Hasta aquí todo parece muy lógico, del alfabeto griego, se pasó al abecedario latino.
    Sin embargo, en los países en los que se cambió por la otra nomemclatura ("DO, RE, ...), no parece existir tanta lógica.
    Pues bien, ese cambio se lo debemos, en principio, a Guido d'Arezzo, un monje benedictino, nacido en Toscana (Italia) en el año 991, muerto en el año 1050. Fue un gran teórico y pedagogo musical y, bromeando un poco, por supueto, yo diría que fue una especie de rey de la "chuleta", como se le llama en España o del "acordeón", como se le suele decir en algunos países de este lado del globo: quiero decir que era muy dado a idear elementos "nemotécnicos", como su famosa "Mano de Guido" (o mano guidoniana), de la que ya hablaré en el futuro, pues es un tema que da para otro artículo, que se usaba para que los cantantes pudiera leer a primera vista, es, por decirlo así, un antecedente de la partitura, como la conocemos hoy en día (en artículos anteriores he hablado de qué es una partitura:   https://carmartrigo.blogspot.com/2022/05/que-es-un-partitura-para-que-se-usa.html y cuántos tipos de partituras diferentes existen: https://carmartrigo.blogspot.com/2022/05/y-cuantos-tipos-de-partituras.html).
    Pues bien, Guido, en una una de sus ideas, usó el famoso himno de San Juan Bautista, compuesto por otro monje Benedictino (Pablo el Diácono, nacido en Friuli hacia el 710, fallecido hacia el 798) y muy cantado en su época, con el propósito de "unificar" el nombre de las notas. El himno, escrito en latín, dice así:

Ut queant laxis

Resonare fibris

Mira gestorum

Famuli torum

Solve polluti

Labii reatum

Sancte Iohannes

    Y lo podemos traducir, más o menos así: “Para que tus siervos puedan hacer resonar a pleno eco lo maravilloso de tus gestas, limpia los labios impuros, San Juan”.

    NOTA: no coloco aquí enlaces externos para no incurrir en conflictos de derechos de autor, pero si alguien tiene curiosidad por saber cómo sonaba este himno, basta con usar algún buscador de internet por "Himno a San Juan" o "Ut queant laxis".

    Pues bien, si observamos el himno, tiene siete versos, con la particulaqridad de que cada uno de ellos comienza por una nota diferente formando entre ellos una progresión (o escala), es decir, el primero empezaba en la nota "do", el segundo en "re" el tercero en "mi" el cuarto en "fa" el quinto en "sol" el sexto en "la" y el último en "sol". ¡Un momento! ¿Y el si? Bueno, el si, durante la Edad Media se consideraba una nota... digamos... "proscrita" (ya hablaré de esto en otro artículo).
    Pues bien, volviendo a la hazaña del buen Guido, lo que hizo fue nombrar la nota con la que empezaba cada verso con la sílaba correspondiente (que he marcado con letras negritas) y así tendríamos algo parecido a nuestra escala musical: "ut, re, mi, fa, sol, la". El "si" fue incorporado a la escala hacia 1482 por el matemático, teórico musical y compositor Bartolomé Ramos de Pareja (nacido hacia el 1440 en Baeza, Jaén, muerto en 1522).
    Posteriormente, el musicólogo italiano Giovanni Battista Doni (nacido en Florencia, hacia el 1593, fallecido en 1647), cambió la nota "ut", según él difícil de pronunciar cuando se está solfeando, por "do". Obviamente lo hizo inspirado en la palabra latina Dominus (Señor); nada que ver con su apellido: Doni.
    Y así es como hemos llegado a los nombres de las notas que usamos hoy en día (do, re, mi, fa, sol, la, si).

    ¿Y tú? ¿Cómo llamas en tu país a esa pequeña pieza de papel que, a veces son verdaderas obras de arte, y los estudiantes suelen llevar escondidas el día del examen por si, debido a un golpe de mala suerte, olvidan la respuesta de alguna de las preguntas... chuleta..., acordeón...? ¡Dímelo en los comentarios, tengo curiosidad por saberlo!.

    NOTA: Por eso me gusta dar clases de piano, porque ahí... ni chuleta, ni acordeón, ni nada que se le parezca...

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