La perseverancia es como el Norte de los músicos, es decir, para lograr metas, es necesario insistir, insistir, insistir y también insistir.
Antes de la pandemia, yo tenía una cantidad normal de alumnos que quería estudiar conmigo.
Reconozco que, durante los dos años que duraron las clases en línea, estuve haciendo mi mayorcísimo esfuerzo porque salieran lo mejor posible (hubo días en que llegué a pasar entre doce y dieciséis horas delante de la pantalla, dando y preparando clases.)
Pues bien, regresamos a clases presenciales y, de repente, hay una especie de epidemia postpandemia, por así llamarla, que consiste en que una tremenda cantidad exacerbada de alumnos quiere estudiar conmigo, llegando a hacer todo lo posible por meterse en mis clases, sin ser vistos. Es algo que me hace sentir halagado, lo reconozco, pero es que no me doy abasto para todos.
Hace un par de semanas, me llegó una jovencita (nunca antes había sido mi alumna), hablando en un tono bastante dramático, y me dijo que estaba "desesperada", que había hablado con todos (a saber: el director, el subdirector, el jefe de estudios, la secretaria e incluso el portero) y que nadie le hacía caso, que siempre le contestaban que no podía estudiar conmigo por no tener el nivel suficiente. Después de cinco minutos intentando consolarla (la verdad, estaba muy decepcionada de la vida) entendió que las cuestiones administrativas no dependen de mí. Sin embargo, me dijo que volvería a hablar con todos, a ver si, aunque fuese por pesada, lo lograba.
Un par de días más tarde, se asomó a la puerta de mi salón (que siempre está abierta, independientemente de la ventilación cruzada) el jefe de estudios, venía con ella y me la presentó, porque se supone que yo no la conocía, por lo que, en cierto modo, me hice el loco (¡Shhh! no digáis nada, que me la cargo) y cuando él se encogió de hombros y me dijo: "que está empeñada en estudiar contigo, que está empeñada en estudiar contigo y que está empeñada en estudiar contigo", le contesté: "pues, bienvenida, ¿qué puedo hacer ante eso?". Por lo que la chica pasó a mi salón y empezó a tomar clases conmigo.
Yo siempre lo he dicho: la perseverancia es la mejor forma de lograr nuestras metas.
¿Y tú, alguna vez has tenido que recurrir a la perseverancia para lograr tus objetivos? ¡Dímelo en los comentarios!
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