Aunque es un concepto que se puso muy de moda a partir de los años 1950s, la música aleatoria es algo que existe desde hace cientos de años.
Bien es cierto que ALEA en latín significa dados y los dados están claramente relacionados con el azar.
De ahí que el propio Mozart (como acabo de señalar, no es algo propio del siglo XX) compusiera una obra llamada Juego de Dados, en el cual, en resumidas cuentas, se nos dan dos tablas con 176 compases cifrados y agrupados en 16 conjuntos de 11 compases cada uno. El objetivo es tirar los dados, para ver a qué compases iremos saltando y así formar un minueto de 16 compases (unos 30 segundos).
Se dice que, si quisiéramos agotar todas las posibilidades, necesitaríamos estar tocando, día y noche, unos 728 millones de años (no sé si sea cierto, no lo he intentado nunca, pero es lo que se dice).
Sin embargo, como digo, fue a partir del siglo XX cuando se puso de moda el término en sí, con compositores como Ives, Cage, Cowell, Boulez, Luis de Pablo, etc.
Simplificando lo más posible el concepto, diremos que se trata de una música en la que (teniendo en cuenta las diferencias entre las corrientes americanas y europeas), básicamente es el intérprete quien decide finalmente la estructura de la obra. Decisión que viene determinada, en mayor o menor medida, por las pautas que le da el compositor.
Así pues, son habituales las obras en las que el compositor escribe varias secciones y nos da más o menos libertad para elegir qué secciones queremos tocar.
Existen otras ocasiones en las que el compositor, escribe el inicio de una obra, y debe ser el intérprete el que la termine (la capacidad de improvisación es fundamental).
Y también hay otras ocasiones en las que (me contactó un compositor italiano hace un par de años para ofrecerme una partitura suya) el compositor escribe todas las notas, pero es el intérprete el que decide cuánto dura cada una, qué secciones se repetirán (o no), cuántas veces se repetirán (o no), siguiendo las poquísimas anotaciones o instrucciones que te puedan dar.
Reconozco que, como intérprete, cuando recibes un encargo de esta clase, sientes un poco de miedo, porque no sabes si el resultado que tú ofreces, le gustará al compositor. Claro que, por otro lado, el compositor suele tener su mente bien abierta a las propuestas que le puedan entregar los intérpretes y, a veces, incluso se sorprenden de descubrir en sus obras (por medio de las interpretaciones) posibilidades que no se les había ocurrido antes.
¿Ventajas? Pues que aquí, más que nunca, cada interpretación es diferente de las demás.
¿Desventajas? ¿Se te ocurre alguna? ¡Dímelo en los comentarios! Porque a mí no se me ocurre ninguna.
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