Donna Mitchell - Consolation No. 2

  My personal review:      We had already discussed what a Consolation is in music in a previous article , as well as the possible sources of inspiration for Franz Liszt, the first composer to use the name Consolation for one of his pieces.      Donna Mitchell's Consolation No. 2 creates a calm, poetic, meditative atmosphere.      It is a piece in two sections, each of which is divided into three subsections, plus an introduction and a coda; its slow and leisurely tempo, as well as the constant accompaniment of arpeggios, are the main characteristic of this piece.      It is worth noting that the second section, although it feels like a restatement, has certain variations (especially in the second subsection), which create some interest for the listener, which is further enlivened by the surprising coda.      Mitchell's social links:      YouTube (Channel 1)      YouTube (Chann...

¿Cuántas horas al día? ¿Muchas? ¿Pocas?

    Una pregunta que me hacen con mucha frecuencia, especialmente mis alumnos, es la famosa: ¿Bueno, y cuántas horas debo estudiar al día?
    Pregunta típica, pero complicada de responder. En mi opinión personal, todo depende mucho de cada uno y sus pretensiones.
    Así pues, por ejemplo, hay quien usa la música más en un sentido de "musicoterapia", es decir, durante la mañana va a trabajar a su oficina y por la tarde, para desestresarse, tocando un instrumento, ya sea solo o sola, en casa, o con otros, en los talleres del centro comunitario más cercano. El objetivo de esta persona está cumplido en cuanto su cerebro segrega hormonas como las serotonina, oxitocina, edorfinas y dopamina, que se producen con los diferentes estímulos que recibimos al tocar y escuchar música y son hormonas que generalmente nos producen placer y bienestar. Por lo tanto, este tipo de persona, no persigue un fin estético o virtuoso en lo que toca.
    En el extremo opuesto estamos los que nos gusta estar sobre el escenario (ahí se segrega más adrenalina que las otras cuatro, pero también es muy placentero). En este caso, en que sabemos que nos vamos a "jugar el tipo" (por así decirlo) delante de cientos de personas, que han pagado por ir a vernos, que respetarán nuestro trabajo guardando un solemne silencio mientras tocamos y que, con todo el derecho, criticarán nuestra interpretación a la salida, el trabajo debe ser más minucioso, ya que aquí sí que tenemos una intención más estética y virtuosa que el simple hecho de relajarnos tocando un instrumento.
    Pues bien, volviendo a nuestra pregunta generadora del día de hoy, voy a comentar algunas de las teorías que he escuchado en gente cercana a mí y al final daré mi punto de vista personal.
    Decía un maestro de piano (no diré su nombre, por cuestiones éticas), al que le tengo cierta estima, aunque nunca fui su alumno, pero tomé algún curso con él, que hay que estudiar ocho "horas efectivas" al día, de lunes a domingo, sea el instrumento que sea. Lo de "horas efectivas" quería decir horas de total concentración en la obra que se está montando, o, lo que es lo mismo, en ese tiempo no entran las dos horas matutinas en las que estudiamos los ejercicios técnicos de calentamiento, ni las dos horas vespertinas en que tocamos otras obras de nuestro repertorio, solamente por relajarnos (un poco en plan musicoterapia), ni el tiempo en que nos sentimos cansados y de manera inconsciente jugueteamos con nuestro instrumento, improvisamos melodías, etc., ni los 15 minutos de descanso entre cada hora, ni el tiempo que tomamos para comer, ni los minutos que nos distraemos porque pasa un mosquito volando delante de nuestras narices... En fin, que ocho horas efectivas, son unas 14 a 16 horas reales. Me pregunto si él predicaba con el ejemplo.
    Otra teoría, que tenía un compañero mío de piano, cuando éramos estudiantes, decía que él no necesitaba más tiempo que el que durase la obra, que él ponía sus manos sobre las teclas y a primerísima vista, a la velocidad que exigía la obra, con la digitación correcta, el fraseo indicado etc., le salía todo bien. Claro que, por la boca muere el pez y en una ocasión otro compañero me dijo: "Ayer en la tarde estuve en casa de pepe (no es su nombre real, obviamente) y me gusta lo metódico que es: primero estudia cada mano por separado, muy lentamente, resolviendo cada problema que pueda tener, y luego junta las manos y va dando velocidad poco a poco."
    Otro maestro decía que es aconsejable estudiar tantas horas como años lleves tocando el piano, es decir, el primer año, una hora al día, el segundo, dos, el tecero, tres... ¿Y cuándo llevas 30 años? (¡Digo yo!).
    Finalmente, un compañero de trabajo, opina que hay que vivir la vida lo mejor posible y cuando faltan unas dos o tres semanas para el concierto, hacer unas sentadas intensivas al piano y sacarlo lo mejor posible.
    Mi punto de vista personal es que cada quien, que se conoce a sí mismo, trabaje por objetivos, es decir, cuánto tiempo estima que necesitará dedicar a la obra que quiere montar. De esos objetivos, desglosar una serie de fases o pasos (análisis, digitación, resolución de problemas, fraseos, velocidad, etc.), deduciendo a cuál de ellos tendrá que dedicar más o menos tiempo, y, simplemente, establecer horarios para ir resolviendo cada paso.
    Esta forma de trabajar, lo sé, no es exacta (me refiero a que, a veces, estimamos que un problema se resolverá en 15 minutos y al final le tenemos que dedicar 30 minutos), pero es muy efectiva (tampoco es tan inexacta), porque así dedicamos el tiempo que realmente necesitamos a estudiar nuestro instrumento. Puede ser que yo tenía pensado en resolver la digitación de una obra en dos horas y al final le he tenido que dedicar 3, bueno, una hora más de estudio tampoco hace daño.
    ¿Y tú, cuántas horas al día estudias? ¿Sigues alguna de estas metodologías o tienes otra diferente? ¡Dímelo en los comentarios!

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