Nunca he sido muy partidario que digamos de participar en concursos de música; siempre he sido de la opinión de que todos somos diferentes y concursar supone compararte con alguien y, según yo, no puedes compararte con alguien que es diferente a ti.
Esto es muy evidente y obvio en en el arte, en que, cuestiones como interpretación o creación son muy subjetivas, es decir, una obra artística puede encantar a alguien, pero no gustar en absoluto a alguna otra persona.
Además, en música, hay dos tipos de concursos: los sinceros (por llamarlos de alguna forma) y los amañados. Lo digo con conocimiento de causa, ya que me ha tocado ser juez en varios concursos y en una ocasión tuve que discutir mucho hasta lograr que un par de compañeros desistieran de sus intentos y, en otra ocasión, me tuve que convertir en un verdadero dolor de muelas para otros dos compañeros, hasta que abandonaron el recinto bastante irritados. En ambas ocasiones convertí los concursos en sinceros. El inconveniente con los concursos sinceros es, como se ha discutido un gran número de veces, que, si todos somos diferentes y, por consiguiente, nadie es mejor que nadie, el ganador es el que más gusta a los jueces; es decir, que ese mismo concurso, con otros jueces, probablemente habría tenido otro resultado, sin dejar de ser sincero.
Y, hablando de dolores de muelas y de concursos, corría el mes de julio del año 2002 en España. He de aclarar que, en muchas regiones del Sur y Levante suelen celebrar las fiestas de Moros y Cristianos. No es el caso de Sevilla, donde yo nací y viví.
Salió la convocatoria en un periódico de que, en un pequeñísimo pueblecito del Levante español, donde, por cierto, todos se conocen, se abrió un concurso de composición de "Marchas Moras". Como dije antes, ese concurso me pillaba de lo más lejos, en todos los sentidos.
No obstante, una persona, estaba "duro y a la manzana" con que yo tenía que participar, por lo que, para que me dejase en paz, tuve que concursar, sin muchas (ninguna) pretensiones, ya que intuía lo que iba a suceder.
En realidad, no me gusta componer para banda sinfónica (me hace sentir que falta algo: la calidez de las cuerdas) y tampoco me atraía mucho la idea de componer una marcha, pero lo intenté.
Escogí la tonalidad de sol menor que, para mí, suena muy nostálgica, establecí una forma musical ternaria (A-B-A) y, a su vez, las secciones "A" se componen de tres períodos. Compuse una pequeña introducción que, al principio de la obra es una melodía que parte de la nada, en forma de pregunta-respuesta (clarinete y oboe) y, como nexo entre la sección B y la repetición de A, aparece en todo su esplendor con la banda completa (dando sensación de punto culminante). Las secciones A son claramente la marcha, mientras que la sección B (que solamente tiene dos períodos separados por un toque de metal a modo de llamada a la batalla), suena más como una danza.
En cuanto a las texturas, muy sencillas, melodìa acompañada con algún que otro contrapunto. Mi intención es que sonase lo más posible a música popular, por lo que, armónicamente, también es una obra muy sencilla.
Las bases del concurso eran muy claras. Las partituras y particellas se enviarían en un sobre cerrado, totalmente anónimo, con una leyenda en su exterior que NO podía ser ningún NOMBRE PROPIO ni DESCRIPCIÓN PERSONAL y, en otro sobre, en cuyo exterior se escribiera la misma leyenda, se introducirían los datos personales. Y todo eso se enviaría por correo.
Pues bien, celebrado el concurso, se publicaron en el periódico los resultados de los siete participanrtes (todos locales menos uno, el mío que, obviamente, tenía matasellos de Sevilla), por orden de clasificación. No escrbieron el nombre de los ganadores pero sí las leyendas que aparecían en los sobres. Curiosamente, tres leyendas eran NOMBRES PROPIOS y las otras cuatro no. Es decir, que esas tres leyendas debían haber sido descalificadas, según las bases, pero quedaron, precisamente, en las tres primeras posiciones. La mía quedó en cuarta posición (me puedo sentir orgulloso, después de todo) y, por detrás de mí, quedaron otras tres que no infrigían las bases del concurso.
Es la única vez que he participado en un concurso; es la única vez que he compuesto una marcha; es la única vez que he compuesto una obra para banda sinfónica.
Al fin y al cabo, "La Noche del Cuarto Creciente", me gusta mucho, no porque sea mía, sino porque tiene... "feeling".
¿Y tú, alguna vez has participado en algún concurso? ¿Lo ganaste? ¡Dímelo en los comentarios!
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