Hudson Gimenez - Romance Nº 1

  My review:       Romance Nº 1   is a piece in three sections, with an accompanied melody texture and a tranquil tempo, creating an atmosphere of calm and reflection. The thematic unity and the constant accompaniment of arpeggios give the piece a sense of cohesion, with a second development section and a third recapitulation section. In fact, it is constructed from a harmonic progression (accompaniment) upon which small variations on the main theme melody are layered.       Gimenez's social links:           Facebook      YouTube      SoundCloud     Enjoy  "Romance Nº 1" ,  performed by Carlos Marín Trigo:

¿Cómo compuse mi "Fuga del Lobo" y por qué se llama así?

     Mi famosa Fuga del Lobo, al igual que algunas otras de mis composiciones, empezó siendo un ejercicio para la clase de fuga, pero me gustó tanto, que, trabajándola un poco más, la cenvertí, de ser un simple ejercicio, a ser una fuga.

    Como curiosidad, es la más corta de mis obras (poco más de un minuto), es la única obra dodecafónica que he compuesto, es la que más recursos melódicos usa, a pesar de su corta longitud, y de todas mis obras, es la más compleja rítmicamente (esto casi me llevó a tener que reestructurarla, como explicaré un poco más abajo).

    Comencemos por el principio: la fuga está basada en una serie dodecafónica. Para no entrar en demasiados tecnicismos, el dodecafonismo es un "lenguaje musical" (un estilo, vaya), fundado por Arnold Schönber, que consiste en que una serie (melodía, para entendernos), debe estar compuesta por todas y cada una de las doce notas de la escala cromática, no pudiendo repetirse ninguna mientras no hayan sonado las doce. Creo que, a nivel básico se entiende lo que quiero decir, por lo que, en este momento, no voy a entrar en más profundidad.

    Obviamente, no se trata de escribir las doce notas aleatoriamente, sino que, más bien, hay que realizar una serie de tal forma que estéticamente esté bien equilibrada en cuanto a la dirección de la melodía, los intervalos conjuntos y disjuntos, así como el punto culminante y el valle.

    Una vez teniendo mi serie (melodía), aplico los recursos de que hablaba antes: inversión (consistente en invertir la dirección de los intervalos, por ejemplo: do-re-mí, se convertiría en do-sí,la); la retrogradación, consistente en que la melodía se lee del fin al principio (por ejemplo, do-re-sí-fa-mí, se convertiría en mí-fa-sí-re-do); y la inversión de la retrogradación, consistente en una combinación de ambas.

    Ya solamente faltaba elegir los instrumentos, que en este caso fueron un violín, un fagot y una trompa; sé de sobra que la trompa es un instrumento muy potente que podría comerse el sonido de los otros dos, pero a mí me gustaba mucho el contraste que hacían los tres. Decididamente, mi fuga iba a estar a tres voces.

    Después de eso, decidí cómo iba a estar estructurada: exposición, desarrollo y reexposición y, finalmente, escribir las notas en la partitura, dándoles ritmo y añadiendo un par de recursos más: aumentación (las corcheas se convierten en negras, las negras en blancas, etc.) y disminución (lo contrario).

    Como dije antes, usé ritmos bastantes complejos e irregulares: mi profesor, cuando la vio, me la quiso echar para atrás y me dijo: "¡Recuerda que, si tú no eres capaz de solfear algo, no lo debes componer, porque es signo de que los músicos no lo podrán tocar!". La verdad, mi profesor (por motivos éticos no diré su nombre) me subestimaba, ya que no sabía que yo había aprobado el último año de solfeo con sobresaliente y, además, tenía la extraña afición de deborar todos los métodos de solfeo contamporáneo que caían en mis manos (y no fueron pocos).

    Así pues, lo tomé como un reto y, en ese momento, solfeé cada una de las voces de mi fuga del derecho y del revés, tras lo que le pregunté: "¡Bueno, yo ya lo he solfeado! ¿Lo podrán tocar los músicos?". Mi profesor me clavó su mirada durante unos segundos y exclamó: "¡Vale! ¡Está bien!".

    Y así es cómo se compuso esta obra.

    Ahora viene la segunda pregunta, la que todos los que habéis llegado hasta aquí os estáis haciendo: ¿Y por qué se llama la Fuga del Lobo?

    Bien, la respuesta la tenía mi ordenador; bueno, no mi ordenador, sino mi tarjeta de sonido, una flamante Soundblaster Live! 5.1 Platinum. Seamos honestos, las Soundblaster nunca fueron tarjetas profesionales (quiero decir, de estudio de grabación), pero supusieron una grandísima revolución en las tarjetas de gama media-baja, ya que, por un precio muy asequible (y adaptado al bolsillo de un estudiante de música), tenías una tarjeta muy potente y, además, con la capacidad de manejar soundfonts, o bancos de sonido (el equivalente en música de las fuentes de texto del procesador de textos).

    Pues bien, al crear el archivo MIDI de mi fuga, para que el ordenador lo interpretase y poder tener una audición previa de cómo iba a sonar, ya sea por defecto de mi tarjeta de sonido, por defecto de las soundfonts que estaba usando, o por efectos de la física electroacústica, cuando lo escuchaba en mi ordenador, al llegar al desarrollo de la fuga, sección que introduce la trompa, su sonido se escuchaba arrastrado, como imitando el ululato de un lobo. Me llamó tanto la atención ese efecto, que lo escuché cientos de veces y aún hoy, después de 30 años, tengo el sonido todavía metido en mi cabeza.

    Lo triste era que, cuando lo escuchaba en otro ordenador y/o en vivo, ya no sonaba así...

    ¿Y a ti, te gusta la música dodecafónica? ¿Qué estilos de música te gustan? ¡Dímelo en los comentarios!

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